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lunes, 18 de abril de 2011

LLUNA ROJA: UNA HISTORIA PIRATA. CAPITULO TERCERO "MIRAMAR".

En una pequeña población costera, Miramar, conocían la leyenda de la temible pirata Lluna Roja. Había llegado como lo hacían muchas otras noticias, por el pequeño puerto cargador con el que contaban, al que llegaban historias de todo tipo, reales e inventadas. Las gentes de la aldea vivían de las cargas y descargas de las embarcaciones, de la pesca y del pequeño comercio de trigo y otro tipo de grano. El alcalde de esa población era Guillem Martí.

Vivía en Miramar un joven de poco más de veinte años de figura esbelta, cabello moreno, piel tostada y ojos negros. Se llamaba Jaume Fontcuberta y había quedado recientemente huérfano de padre y madre. Como única familia le había quedado su hermano pequeño, de seis años, Josepet. De familia humilde pero muy querida por sus vecinos, el joven había trabajado desde los catorce años como campesino en las tierras del Señorío del Arzobispo de Tarragona, en fincas cercanas a la población de Reus. Pasaba largas temporadas alojado en una masía que se encontraba en las propias tierras de labranza, y regresaba a su casa siempre que tenía ocasión para ver a su familia. Con la muerte de sus padres Jaume se había visto obligado a dejar las labores del campo y volver a Miramar para hacerse cargo de su hermano.

Como bien hemos explicado, los vecinos de Miramar tenían en mucha estima a la familia Fontcuberta,y no dudaron en ofrecer ayuda a Jaume para que pudiera tirar adelante en el pueblo. El alcalde no le pudo ofrecer un trabajo con salario, pero sí un techo donde morar él y su hermano, el Torreón dels Penyals, a cambio de que ejerciera de vigía del pueblo. El objetivo era poder prever los ataques piratas que se estaban sucediendo cada vez con más asiduidad en poblaciones costeras cercanas.

Jaume pescaba lo que podía, y aceptaba todo tipo de pequeños trabajos que sus vecinos le encargaban a cambio de unas monedas. Josepet y él comían con lo que conseguía del mar, y ahorraba todo lo que podía para que el pequeño pudiera aprender a leer y labrarse un futuro mejor

del que él podría llegar a tener. No era un hombre culto, aunque sí listo, autodidacta e interesado en aprender y saber de todo cuanto pudiera. Leía a duras penas gracias a su propio empeño, pero sabía que no podría saciar su hambre de cultura y ciencia. Su obsesión era su hermano, vivía y se desvivía por él y para él: representaba todas las oportunidades que hubiera querido para sí mismo y a las que había tenido que renunciar.

En una noche cálida de junio, aunque menos de lo habitual, Jaume vio aparecer sobre el mar la luna llena, que empezó a teñirse de rojo. Sabía que debía agudizar su atención aquella noche, pues conocía, como todos, la posibilidad de un ataque inminente por parte de la gran pirata Lluna Roja.

MIAMI POST, 196
“La leyenda de Lluna Roja se da una mezcla de hechos reales y de ficción. Las leyendas responden a los estímulos de la naturaleza circundante, pueden tener una razón, ocultar una verdad, tener relación con la geografía, con un hecho histórico o con un acontecimiento que repetido y exagerado integra el acervo folclórico. Las leyendas, constituyen un relato que revela las más arraigadas costumbres y creencias y son un reflejo de la identidad de un pueblo.”

domingo, 10 de abril de 2011

LLUNA ROJA: UNA HISTORIA PIRATA. CAPITULO SEGUNDO "LA LEYENDA DE LLUNA ROJA".

Âmar creció, así, envuelta en estudio y disciplina, arte, ciencia, matemáticas, filosofía, cultura y astronomía. En su adolescencia tenía ya amplios conocimientos sobre la navegación, un arte que adoraba y en el que soñaba su destino. Cumplidos dieciocho años, justo antes de la muerte de su tío, diseñó su propio navío, una goleta de perfil excepcional y cualidades anteriormente nunca vistas. Gracias a los amplios conocimientos en ciencia que había cultivado pudo aplicar en el diseño avances poco propios de la época, convirtiendo a esa goleta en el barco más veloz que nunca había surcado el Mediterráneo.
Bautizó el navío con el nombre de Nahla, que significa gota de agua, pues era así como uno se sentía cuando navegaba en él: ante la inmensidad del mar, se deslizaba tan fácilmente que parecía desparecer entre las aguas como lo haría una gota. Nahla sería su sustento, puesto que al haber muerto su tío, ser hija bastarda y proceder de una dinastía depuesta, no tenía otra opción de vida que no fuera renunciar a su libertad casándose. Sin el amparo de un tutor varón que se lo permitiera, y difícil era encontrar a alguien la mitad de liberal que su tío, no podría seguir viviendo como quería. Sólo le quedaba la opción de embarcarse en una vida totalmente distinta y, sobretodo, libre de cualquier atadura.

Gracias a una pequeña dotación económica que le había dejado su tío a escondidas de la familia, y con ayuda de algunos conocidos, pudo poner a punto la embarcación para flotarla en mar abierto. Y así empezó a surcar el Mediterráneo, viajando de un lado a otro, conociendo destinos, ciudades y pueblos: buscaba dotar su barco de una tripulación talentosa, formada a partir de las mejores experiencias de cada cultura, de cada pueblo. Conoció a cristianos, berberiscos, caviles y moriscos, y a medida que pasaba el tiempo más se enfurecía con las injusticias que los tiranos de esos pueblos cometían con sus gentes.

Decidió, después de unos pocos años de ser observadora de penurias y opresión, desempeñar la piratería, con el objetivo de luchar contra aquellos tiranos, contra los que aprovechaban su poder para humillar y desgraciar a gentes sencillas y trabajadoras. Al fin y al cabo, el oficio le venía de familia, tenía los suficientes conocimientos del mar y la navegación como para desempeñarla, contaba con el mejor navío, y con grupos de fieles seguidores, de pueblos distintos del Mediterráneo, con los que había contactado en sus viajes, y que le servirían de apoyo en su nueva aventura.
En pocos años ya había logrado convertirse en leyenda. Empezó a conocérsela por el apodo de Lluna Roja, por su nombre árabe y por el color de sus cabellos. Pero también por la manera en que actuaba en su empresa pirata. Había perfeccionado de tal manera sus asaltos y técnicas de abordaje, de nuevo utilizando su talento y conocimientos científicos, que no se le conoce un solo intento fallido. Sólo actuaba una vez al mes, después de estudiar y preparar al detalle cada caso, siempre escogido, y cuando había luna llena. Perpetraba abordajes a otras embarcaciones de pueblos tiranos en los plenilunios, y asaltaba ciudades aprovechando las pocas lunas llenas rojizas que se producen al año, habitualmente no más de dos o tres, puesto que la luz que producían provocaban confusión entre los vigías a la hora de divisar su flota pirata. Sus conocimientos de astronomía también le proporcionaron, así, un sistema de ataque imbatible.

En los poblados costeros del Mediterráneo temían las noches en las que veían aparecer en el horizonte una luna llena rojiza. Sabían de la posibilidad de ser asaltados por la temible Lluna Roja. Tal era su leyenda, tal su fama, que en esos días hombres y mujeres solían recogerse pronto, y a los niños se les asustaba con que la pirata los raptaría si no se portaban bien en esas noches.

MIAMI POST, 194
“La leyenda de Lluna Roja se da una mezcla de hechos reales y de ficción. Las leyendas responden a los estímulos de la naturaleza circundante, pueden tener una razón, ocultar una verdad, tener relación con la geografía, con un hecho histórico o con un acontecimiento que repetido y exagerado integra el acervo folclórico. Las leyendas, constituyen un relato que revela las más arraigadas costumbres y creencias y son un reflejo de la identidad de un pueblo.”

martes, 5 de abril de 2011

LLUNA ROJA: UNA HISTORIA PIRATA. CAPITULO PRIMERO "EL ORIGEN".

Alrededor del año 1.500, en pleno siglo XVI, cuando la historia cuenta que comenzó la Edad de Oro de la Piratería, gobernaron nuestros mares temibles corsarios como Arudj Barbarroja. Su nombre describía a su singular barba rojiza. Nacido en Berbería, región ubicada en el norte de África, e hijo de un alfarero empezó su historia de amor con la navegación como timonel en un humilde barco de mercancías. Con los años consiguió ser el almirante de su propio navío y dedicarse a la piratería, convirtiéndose en el corsario más temido de aquellos tiempos. Se estableció en Túnez, donde habitaba con su hermano, Jeireddin, que siguió sus pasos y superó al maestro, aunque no lo hiciera en fama.

El pirata Jeireddin dedicó una buena parte de su vida a perpetrar saqueos y abordajes, a protagonizar episodios de la más temible de las piraterías. Como solían hacer los piratas más poderosos, buscó un lugar de reposo en tierra y se estableció en Argel, Orán y Tánger, tres ciudades del norte de África, cercanas a su región de origen. Estos lugares le servían como puntos de partida en sus campañas piráticas. Fue en Orán donde conoció a la princesa Fadhila, nieta del último rey musulmán de Granada, Boabdil el Chico, expulsado de los territorios hispanos por Fernando e Isabel, los Reyes Católicos de la poderosa Castilla.

Jeireddin, además de poseer el carácter sanguinario de su hermano, tenía cierta sensibilidad cultural, e interés por las ciencias y la política, características que le sirvieron para conquistar a Fadhila. De ese amor prohibido nació una hija, de tez morena y cabellos rojizos, de una belleza singular y de nombre Âmar, Luna en su significado árabe. La princesa Fadhila logró ocultar a su padre el nacimiento de la niña pidiéndole meses antes poder visitar durante una temporada a su hermano Abenalsid, que moraba en Tánger. Abenalsid era un estudioso de las ciencias más avanzadas del mundo de aquel tiempo, heredadas de la virtud científica de la antigua Al-Andalus. Era un hombre de pensamiento libre y avanzado para su época, y tenía por debilidad a su hermana pequeña, por lo que aceptó con cariño protegerla de su padre, procurar por ese amor proscrito y por el buen nacimiento de su sobrina.

Poco tiempo después de nacer Âmar, fue descubierto el amor de Jeireddin y Fadhila por el padre de esta, nuevo Sultán de Orán, y ante la condena a muerte para ambos que dictaminó, huyeron a un destino desconocido y del que nunca regresaron, dejando en manos de su sabio hermano la crianza de la niña.

MIAMI POST, 193

“La leyenda de Lluna Roja se da una mezcla de hechos reales y de ficción. Las leyendas responden a los estímulos de la naturaleza circundante, pueden tener una razón, ocultar una verdad, tener relación con la geografía, con un hecho histórico o con un acontecimiento que repetido y exagerado integra el acervo folclórico. Las leyendas, constituyen un relato que revela las más arraigadas costumbres y creencias y son un reflejo de la identidad de un pueblo.”
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