viernes, 17 de junio de 2011

LLUNA ROJA: UNA HISTORIA PIRATA. CAPITULO QUINTO "ASÍ EN EL MAR....."

Nada más entrar a empujones en la cabina de la capitana, que le esperaba para interrogarle, Jaume vio su silueta a contraluz. Entrecerró los ojos hasta que pudo poner rostro a la oscura figura. Divisó entonces un semblante dulce, singular. Le sorprendió su largo cabello rojizo y desordenado que llevaba sin recoger. Le impactó su belleza, su porte fino pero insolente, sus ojos brillantes y su media sonrisa burlona. Lluna Roja era una mujer hermosa, diferente al tipo de bruja que siempre había imaginado, y lejana a la imagen que se contaba de ella.

La pirata cogió una vara de madera para empujarlo hacia el suelo, con objetivo de que quedara agachado y tuviera que mirarla desde una altura inferior, puesto que era así como vasallos y esclavos habían de mirar y dirigirse a sus amos. Lluna Roja empezó entonces su interrogatorio.

“Así que sois el vigía de Miramar…un perro fiel a sueldo del alcalde...”, dijo. Antes de que Jaume pudiera contestar, la pirata le hizo una señal para que se callara y continuó. “Veréis, estoy muy furiosa. Siempre consigo lo que me propongo, y en esta empresa pensaba hacerme con más mercancías y riquezas de las que mi tripulación me ha traído. Bienes, os recuerdo, que vuestro alcalde le ha quitado a las gentes sencillas de la aldea. Creo que las guarda a buen recaudo, y mis hombres no han sido capaces de encontrarlas. Y creo también que vos sabéis donde se esconden”, le expresó imperativamente.

Lejos de empequeñecerse y haciéndose fuerte gracias a la sarta de falsedades que estaba oyendo, las primeras palabras que le espetó Jaume a Lluna Roja fueron: “Señora, estáis equivocada. Mi aldea es humilde y carece de grandes riquezas. El alcalde es uno más entre las gentes sencillas del pueblo. Y yo soy un vigía sin sueldo, un pescador y un buscavidas”. La mirada segura y desafiante que le dedicó a la capitana después de soltar estas palabras turbó a Lluna Roja, causándole una sensación que nunca antes había experimentado con ningún prisionero. Era extraño que después de que un pobre desgraciado la desafiara no se sintiera enfurecida. Al contrario, le provocó una sonrisa que intentó esconder, y le contestó impostando exageradamente la voz: “Sois muy osado al creer que podéis desafiar a la pirata más sanguinaria y temida del Mediterráneo. Me gustaría saber si sois así de insensato porque no teméis a la muerte o por imprudencia…”. Después de una pausa tensa continuó. “Tenéis un hablar y unos modales poco corrientes para un pescador buscavidas…Creo que se me serviréis mejor en esta goleta que vendiéndoos en el mercado de esclavos. Necesito un vigía que no me exija un sueldo y un buscavidas que sepa pescar cuando se me antoje un galludo”, dijo Lluna Roja irónicamente.

Así fue como Jaume se encontró trabajando en las tripas de Nahla haciendo todo tipo de encargos a cada cual más absurdo y al antojo de la capitana: ordenar de más o menos gastadas las cartas de navegación, limpiar sus limpias botas diez veces seguidas, sacar brillo a las bombas de pólvora de los cañones, bañar al gato que había a bordo…cada vez que Jaume iba en busca de la capitana para informarle de que había acabado el trabajo encargado, por supuesto como ella le había ordenado, la pirata le volvía a encargar otra estúpida tarea, improductiva y cada vez más rápida de ejecutar. Después de una semana desde su llegada al barco, Jaume ya se encontraba cara a cara con su captora, al menos, unas diez veces al día.

Lluna Roja, claro, no le encargaba esas tareas sin sentido, como él creía. Aprovechaba cada encuentro para comprobar las reacciones de Jaume, del que empezaba a estar preocupantemente interesada. En cada mirada y cada palabra buscaba en él una señal en el que ver que el interés se había convertido en algo mutuo. Con cada encargo que ella le hacía surgían dos, quizá tres preguntas sobre cuestiones vanas: qué le parecía esto, qué aquello, cómo veía a tal o cual cosa. Jaume siempre mostraba interés en contestar lo que pensaba, y veía con curiosidad las reacciones de la pirata, sus alocuciones, los temas de los que le hablaba. Era un pozo de sabiduría, y sin darse cuenta empezó a admirar todo cuanto ella era.

MIAMI POST, 211
“La leyenda de Lluna Roja se da una mezcla de hechos reales y de ficción. Las leyendas responden a los estímulos de la naturaleza circundante, pueden tener una razón, ocultar una verdad, tener relación con la geografía, con un hecho histórico o con un acontecimiento que repetido y exagerado integra el acervo folclórico. Las leyendas, constituyen un relato que revela las más arraigadas costumbres y creencias y son un reflejo de la identidad de un pueblo.” http://miamimemata.blogspot.com/