miércoles, 25 de mayo de 2011

LLUNA ROJA: UNA HISTORIA PIRATA. CAPITULO CUARTO "EL ASALTO"


No le dio tiempo a escapar. Jaume había divisado tarde la flota, como tantos otros vigías. Solo pudo advertirle a su hermano que permaneciera escondido en la torre, y empezar a correr gritando “Ens ataca Lluna Roja! Ens ataca Lluna Roja!”. Le tomaron preso antes de que pudiera llegar siquiera a casa del alcalde.

Lluna Roja llevaba semanas preparando el asalto. Había escogido a Miramar después de interrogar a uno de sus esclavos, apresado en la última contienda en el puerto de Ciutadella de Menorca. De todos aquellos prisioneros que hacía en cada asalto solía escoger al que le parecía más listo, más culto, más líder o más valiente. Eran aquellos de los que Lluna Roja sacaba más información, o al menos, la información más fiable, suficiente para poder perfeccionar su técnica de asaltos. No sucedió así con Bernat Major, un ladronzuelo del tres al cuarto que pasaba como pequeño mercader e imitaba finas maneras, pero que en realidad trapicheaba con todo cuanto podía, y rateaba en los puertos pequeñas cantidades de las mercancías que se descargaban con el objetivo de hacer contrabando. La noche en que fue apresado, quería aprovechar la tenue luz que había en el puerto para ratear de uno de los cargamentos recién llegados unas botellas de vino de Oporto, una nueva variedad que se estaba labrando buena fama y de las que podría sacarse unas cuantas monedas. Las botellas acabaron en Nahla, igual que él, que fue apresado en el asalto antes de caer en la cuenta de lo que le estaba pasando.

En su interrogatorio, Lluna Roja le sonsacó información, una tanta de la buena, y otra tanta bien poco fiable, propia de un pícaro como Bernat, que era capaz de vender el pellejo de su madre a cambio de salvar el suyo propio o conseguir sus fines. El ladrón le contó que era una suerte haber sido apresado por la tripulación de la más famosa de las piratas, puesto que él mismo la había buscado durante meses para unirse a sus contiendas.

“Y por qué creéis, insensato, que yo os querría en mis contiendas? Qué podéis ofrecerme?”, le instigó malhumorada Lluna Roja. Él, con arrogante seguridad le contestó que destreza y buena voluntad. La pirata soltó una carcajada, y a punto estaba de quitarse de encima de una patada a tal infeliz cuando Bernat corrigió sus palabras y le gritó: “Y el secreto de un destino al que asaltar, plagado de buenas riquezas y un alcalde tirano que maltrata a pobres familias campesinas y pescadoras!”. Cambiando el semblante sarcástico, Lluna Roja se interesó por ese lugar, que Bernat conocía por haber trapicheado en su pequeño puerto. La aldea era Miramar, y sería el siguiente de sus destinos.

Así se produjo, y así también fue como Jaume acabó en una bodega húmeda, fría y atestada de otros prisioneros en la imponente Nahla. Olía a podredumbre, desesperación y ratas. El joven nunca se había imaginado en tal situación: era prudente, trabajador, y su curiosidad por la cultura siempre le había llevado a imaginarse en lugares más elegidos. No creía merecer aquel destino. Entristecido y preocupado por cómo estaría su hermano pasó inquieto lo que quedaba de noche. Al amanecer, unos brutos lo arrastraban de los pelos hasta la cabina de la capitana Lluna Roja.
MIAMI POST, 206
“La leyenda de Lluna Roja se da una mezcla de hechos reales y de ficción. Las leyendas responden a los estímulos de la naturaleza circundante, pueden tener una razón, ocultar una verdad, tener relación con la geografía, con un hecho histórico o con un acontecimiento que repetido y exagerado integra el acervo folclórico. Las leyendas, constituyen un relato que revela las más arraigadas costumbres y creencias y son un reflejo de la identidad de un pueblo.”