
Alrededor del año 1.500, en pleno siglo XVI, cuando la historia cuenta que comenzó la Edad de Oro de la Piratería, gobernaron nuestros mares temibles corsarios como Arudj Barbarroja. Su nombre describía a su singular barba rojiza. Nacido en Berbería, región ubicada en el norte de África, e hijo de un alfarero empezó su historia de amor con la navegación como timonel en un humilde barco de mercancías. Con los años consiguió ser el almirante de su propio navío y dedicarse a la piratería, convirtiéndose en el corsario más temido de aquellos tiempos. Se estableció en Túnez, donde habitaba con su hermano, Jeireddin, que siguió sus pasos y superó al maestro, aunque no lo hiciera en fama.
El pirata Jeireddin dedicó una buena parte de su vida a perpetrar saqueos y abordajes, a protagonizar episodios de la más temible de las piraterías. Como solían hacer los piratas más poderosos, buscó un lugar de reposo en tierra y se estableció en Argel, Orán y Tánger, tres ciudades del norte de África, cercanas a su región de origen. Estos lugares le servían como puntos de partida en sus campañas piráticas. Fue en Orán donde conoció a
Jeireddin, además de poseer el carácter sanguinario de su hermano, tenía cierta sensibilidad cultural, e interés por las ciencias y la política, características que le sirvieron para conquistar a Fadhila. De ese amor prohibido nació una hija, de tez morena y cabellos rojizos, de una belleza singular y de nombre Âmar, Luna en su significado árabe.
o Abenalsid, que moraba en Tánger. Abenalsid era un estudioso de las ciencias más avanzadas del mundo de aquel tiempo, heredadas de la virtud científica de
Poco tiempo después de nacer Âmar, fue descubierto el amor de Jeireddin y Fadhila por el padre de esta, nuevo Sultán de Orán, y ante la condena a muerte para ambos que dictaminó, huyeron a un destino desconocido y del que nunca regresaron, dejando en manos de su sabio hermano la crianza de la niña.
MIAMI POST, 193