martes, 5 de abril de 2011

LLUNA ROJA: UNA HISTORIA PIRATA. CAPITULO PRIMERO "EL ORIGEN".

Alrededor del año 1.500, en pleno siglo XVI, cuando la historia cuenta que comenzó la Edad de Oro de la Piratería, gobernaron nuestros mares temibles corsarios como Arudj Barbarroja. Su nombre describía a su singular barba rojiza. Nacido en Berbería, región ubicada en el norte de África, e hijo de un alfarero empezó su historia de amor con la navegación como timonel en un humilde barco de mercancías. Con los años consiguió ser el almirante de su propio navío y dedicarse a la piratería, convirtiéndose en el corsario más temido de aquellos tiempos. Se estableció en Túnez, donde habitaba con su hermano, Jeireddin, que siguió sus pasos y superó al maestro, aunque no lo hiciera en fama.

El pirata Jeireddin dedicó una buena parte de su vida a perpetrar saqueos y abordajes, a protagonizar episodios de la más temible de las piraterías. Como solían hacer los piratas más poderosos, buscó un lugar de reposo en tierra y se estableció en Argel, Orán y Tánger, tres ciudades del norte de África, cercanas a su región de origen. Estos lugares le servían como puntos de partida en sus campañas piráticas. Fue en Orán donde conoció a la princesa Fadhila, nieta del último rey musulmán de Granada, Boabdil el Chico, expulsado de los territorios hispanos por Fernando e Isabel, los Reyes Católicos de la poderosa Castilla.

Jeireddin, además de poseer el carácter sanguinario de su hermano, tenía cierta sensibilidad cultural, e interés por las ciencias y la política, características que le sirvieron para conquistar a Fadhila. De ese amor prohibido nació una hija, de tez morena y cabellos rojizos, de una belleza singular y de nombre Âmar, Luna en su significado árabe. La princesa Fadhila logró ocultar a su padre el nacimiento de la niña pidiéndole meses antes poder visitar durante una temporada a su hermano Abenalsid, que moraba en Tánger. Abenalsid era un estudioso de las ciencias más avanzadas del mundo de aquel tiempo, heredadas de la virtud científica de la antigua Al-Andalus. Era un hombre de pensamiento libre y avanzado para su época, y tenía por debilidad a su hermana pequeña, por lo que aceptó con cariño protegerla de su padre, procurar por ese amor proscrito y por el buen nacimiento de su sobrina.

Poco tiempo después de nacer Âmar, fue descubierto el amor de Jeireddin y Fadhila por el padre de esta, nuevo Sultán de Orán, y ante la condena a muerte para ambos que dictaminó, huyeron a un destino desconocido y del que nunca regresaron, dejando en manos de su sabio hermano la crianza de la niña.

MIAMI POST, 193

“La leyenda de Lluna Roja se da una mezcla de hechos reales y de ficción. Las leyendas responden a los estímulos de la naturaleza circundante, pueden tener una razón, ocultar una verdad, tener relación con la geografía, con un hecho histórico o con un acontecimiento que repetido y exagerado integra el acervo folclórico. Las leyendas, constituyen un relato que revela las más arraigadas costumbres y creencias y son un reflejo de la identidad de un pueblo.”
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